Hablar claro y directo es una habilidad a desarrollar para ejercer un liderazgo efectivo en nuestro trabajo. Para ello, debemos tener estrategias que nos ayuden a expresarnos de manera adecuada, objetivamente y sin dar una falsa emoción.
Muchas personas confunden el discurso franco con ser groseros o agresivos, lo que puede dañar la relación laboral, y en lugar de obtener un crecimiento, se corre el riesgo de mermar los resultados, ya que este tipo de descortesías provocan que el 78 por ciento de los empleados disminuyan su compromiso con la empresa y 66 por ciento bajen su desempeño.
Enfócate en la comunicación asertiva
Sabemos que muchos temas laborales son difíciles de abordar, sobre todo cuando se trata de dar algún tipo de retroalimentación, en la cual hay que ser críticos sin ofender o minimizar a nuestros compañeros y, para ello, debemos aprovechar las herramientas que la comunicación asertiva nos ofrece.
Esta interacción significa crear un discurso donde se articulen nuestros pensamientos y sentimientos de un modo firme, pero empático con el fin de evitar que nuestro interlocutor se sienta atacado. Para lograrlo, es preciso expresarnos con mensajes claros, breves y educados, ya que eso te ayudará a que la información sea concreta y así no habrá malas interpretaciones.
Consejos a seguir
Para ser más asertivo y conseguir tu objetivo, puedes tomar en cuenta las siguientes acciones con las que irás afinando esta habilidad:
Elige el momento adecuado
El primer paso para ser asertivos es evaluar el ambiente en el que vamos a manifestar ese tema delicado. Debemos buscar el momento adecuado para hablar; no es lo mismo dialogar con tu jefe cuando tiene una actitud perceptiva que si está enojado o darle feedback a un compañero delante de personas ajenas al equipo que en privado. El instante preciso es clave.
Evalúa la forma en que te comunicas
Debemos conocer nuestra manera personal de comunicarnos, porque a veces no nos percatamos de que hacemos ciertos gestos al estar nerviosos, que hablamos con un tono muy fuerte o muy bajito, o, simplemente, el lenguaje corporal no sustenta lo que expresamos con palabras. La sugerencia es pedirle a tus colegas más cercanos o de confianza que te planteen sus comentarios al respecto, ya que al conocer tu forma de comunicarte, puedes ir corrigiendo los errores y fortalecer tus aciertos.
Habla con datos y no con emociones
Los datos nos sirven para ser concretos, así la otra persona no sentirá una agresión de tu parte; esto ayuda a que tus argumentos sean no solo convincentes, sino también objetivos y tu postura no se perciba como visceral.
Trata de ser amable
La amabilidad hacia las personas no es sinónimo de debilidad, así que cuando pidas algo, intenta ser considerado y evitar actitudes autoritarias. Por ejemplo, en vez de ser imperativo diciendo: “debes hacer el reporte de inmediato”, prueba con algo más asertivo como “requerimos hacer ese reporte, tu apoyo es muy importante para poder tenerlo en tiempo”.
No te centres en lo negativo
Si es necesario hacer un ejercicio de retroalimentación, trata de balancear tus comentarios; quizá muchos pensarían que ser directo implica ir de lleno al error cometido. Para tener una respuesta positiva, explica lo que la persona hizo bien y, posteriormente, comentar su falla, pero acompaña esta crítica con la visión de crear un área de oportunidad.
Inteligencia cultural
La globalización y la tecnología nos han llevado a trabajar con personas de distintas culturas; por ello, debemos hablar del concepto de inteligencia cultural, que consiste en tener en cuenta la forma de comunicación de las personas en otros estados o países. Es conveniente investigar sobre la cultura de nuestros compañeros, conocer algunas palabras clave que sean funcionales, buscar que signifiquen lo mismo en el contexto en el que conversamos o evitar otras que pueden ser altisonantes o agresivas para ellos.
Tener un poco de este conocimiento nos ayudará a entender mejor a nuestro interlocutor. Por ejemplo, en los estados del norte del país, la gente habla alto, directo y “golpeado”, pero más que una agresión, es una costumbre; al ser consciente de este dato, te será más fácil convivir y entender a tus colegas foráneos centrándote en el contenido y no en la forma.
Otra cuestión cultural es que a los mexicanos nos cuesta mucho trabajo decir “no” directamente, a diferencia de las personas de otros países, y es una cuestión que también debes entrenar para ser más asertivo en tu discurso; es mejor poner un alto desde el principio que dar mil pretextos que nos llevarán al mismo resultado.
Cuestiones de género
En el ámbito empresarial, existe una tendencia en catalogar como violentas a las mujeres que son francas en su manera de expresarse. De acuerdo con un artículo de Harvard Business Review, en la revisión de desempeño de 200 empleados de una empresa, se encontró un sesgo en el apartado de retroalimentación, ya que al 76 por ciento de mujeres se les atribuyó un comportamiento agresivo al momento de dar feedback, mientras que solo al 24 por ciento de los hombres se les consideró de esta forma aunado a que a estos casos se les acotó la descripción de un estilo de comunicación.
Esta percepción se debe investigar más a fondo para tener datos precisos, pero, a grandes rasgos, podemos suponer que hay una tendencia a relacional al sexo femenino con un proceder sumiso y emocional, y cuando ellas son firmes, se les tacha de rudas. Sin duda, es tiempo de eliminar este sesgo, porque hablar de manera directa, con frases contundentes y sin flaquear no tiene que ser un comportamiento exclusivo de los varones.
¿Qué opinas del tema? Me gustaría conocer tus ideas y sobre todo si tienes algún otro consejo para mejorar la comunicación. Te leo en los comentarios. ¡Hasta el siguiente post!
Imagen: pexels.com/Olia Danilevich




No Comments