Apple comienza una nueva etapa. Con John Ternus tomando la dirección de Apple, la conversación inevitablemente gira alrededor de una pregunta: ¿qué viene después?
Creo que más que plantearnos qué hará el nuevo CEO, vale la pena preguntarnos qué significa dirigir una compañía que ya tiene una escala, una marca y un ecosistema como pocos en el mundo.
La historia de Apple muestra que sus grandes cambios no han sido solamente tecnológicos. Desde el 1 de abril de 1976, donde Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne la fundaron, ha tenido momentos difíciles, como cuando Jobs dejó la compañía en 1985 después de conflictos con la dirección, hasta su regreso en 1997, donde una de las primeras cosas que hizo fue simplificar.
Así llegó primero el iMac. Luego otros productos que cambiaron nuestros hábitos de uso, como el iPod, el iPhone y el iPad. Cada producto fue importante, pero detrás de ellos había algo todavía más relevante: una capacidad para apostar grandes cantidades de talento y capital en una dirección determinada.
En 2011, Steve Jobs dejó el cargo de CEO y Tim Cook asumió la dirección. No era sencillo suceder a una persona tan identificada con la empresa. Jobs había sido parte fundamental de su transformación y, para muchos, era inseparable de la identidad de Apple.
Cook no intentó replicar a Jobs. Construyó sobre la plataforma que recibió y llevó a Apple a una etapa distinta, marcada por escala, operaciones, cadena de suministro y el crecimiento de los servicios. Ahora John Ternus recibe esa responsabilidad.
El reto para Ternus como CEO es diferente al de sus antecesores: demostrar que puede seguir encontrando nuevas fuentes de crecimiento en un mercado donde la tecnología evoluciona rápidamente y donde las expectativas sobre inteligencia artificial, dispositivos, servicios y experiencia del usuario están cambiando.
Desde la perspectiva de un Consejo de Administración, aquí encuentro una lección que trasciende a Apple: una sucesión exitosa no consiste en elegir al líder que más se parece al anterior, consiste en identificar qué necesita el negocio para su siguiente etapa y encontrar a la persona capaz de llevarlo ahí.
Será interesante observar no solamente qué productos o mercados impulsará su nuevo CEO, sino qué decisiones tomará sobre talento, inversión, innovación y asignación de capital.
Y revisando, llegué a esta foto. Me hizo sonreír porque tiene mucho más de lo que parece: mi primer iPhone, el actual y junto a ellos, algunas de las cajas de los productos que fui usando con los años. Viéndolas juntas, me doy cuenta de cuánto ha cambiado la tecnología… y también cuánto ha cambiado nuestra forma de trabajar, comunicarnos y hasta de hacer negocios.
Por eso me llamó tanto la atención el cambio de CEO en Apple. Cuando una empresa logra acompañarte durante tantos años, el reto de quien toma la dirección es más que cuidar lo que ya funciona, también es encontrar una nueva forma de seguir siendo relevante.
Apple: el reto en el relevo




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