Theranos, un engaño bien orquestado

Theranos, un engaño bien orquestado

Theranos era una empresa que creó una propuesta en biotecnología para el cuidado de la salud, con un modelo de negocio que encantó a importantes inversionistas, pero al final todo fue una mentira muy bien orquestada. Aquí te platico más de esta interesante historia que nos deja varias lecciones.

Salvar vidas con sólo una gota de sangre

La idea era realmente prometedora: por medio de una gota de sangre era posible detectar virus y anomalías que podrían provocar enfermedades peligrosas. Elizabeth Anne Holmes, fundadora de Theranos, aseguraba tener una tecnología que podía hacer este análisis y así salvar vidas.

La promesa conjunta de la salud con la tecnología se presentaba como un negocio altamente redituable y Holmes lo supo manejar muy bien. Por más de 12 años vendió un robot llamado Edison, que se encargaba de los análisis y era, según ella, “la herramienta perfecta” para reemplazar las pruebas de laboratorio comunes y dolorosas, ya que podía realizar hasta 249 exámenes distintos con una pequeña muestra.

Inversionistas, como moscas a la miel 

La propuesta estaba muy bien armada. Su creadora incluso dejó la universidad en Stanford para buscar financiamiento. Poco a poco fue recibiendo los fondos, y hasta contó con la participación de personajes importantes como la familia Walton, propietaria de Walmart, que invirtió 150 millones de dólares, o Rupert Murdoch, magnate de los medios de comunicación, que también perdió 125 millones de dólares.

Incluso la Fundación Carlos Slim llegó a un acuerdo con Theranos para traer la tecnología a México y fomentar la prevención de enfermedades como diabetes, hipertensión y obesidad. Estos estudios se iban a integrar al modelo CASALUD para mejorar los servicios de salud.

La cadena de farmacias Walgreen ofreció las pruebas en más de 40 comercios en los estados de Arizona y California, donde presuntamente los clientes obtuvieron sus resultados. Mientras tanto, Elizabeth brillaba en los medios de comunicación. Incluso la revista Time la consideró como una de las 100 personas más influyentes del mundo y, por su idea revolucionaria, era la estrella de Silicon Valley.

El fin del teatro millonario 

En 2015, John Carreyrou, periodista de The Wall Street Journal, se dio a la tarea de investigar a la empresa que nunca pudo validar lo que prometía. Dio a conocer los problemas en la implementación de la supuesta tecnología y que la empresa utilizaba equipo de otros laboratorios, incluso antiguo o no tan novedoso como Holmes aseguraba.

Este trabajo periodístico dio pie a que más información empezara salir a luz, mientras ella recurría a su grupo de abogados para presionar a todas aquellas personas que declaraban en su contra. Finalmente, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y el Centro para Medicaid y Medicare abrieron una investigación sobre Theranos.

Los inversionistas presentaron sus demandas contra la empresa, al igual que sus pares farmacéuticos y del estado de Arizona, donde se llevaron a cabo las pruebas sanguíneas. Holmes se enfrentó a 11 cargos y finalmente fue sentenciada a 11 años de prisión por fraude electrónico y conspiración por fraude.

Ella y su socio, Sunny Balwani, quien también fue a prisión, fueron condenados a pagar 452 millones de dólares a los inversionistas que creyeron en ellos y en su proyecto. 

¿Qué podemos aprender de este caso? 

Theranos es un buen ejemplo de los contratiempos que tiene una cultura corporativa hermética. Las empresas deben ser transparentes y honestas en sus servicios para construir la credibilidad que va a crear una cartera de clientes e inversionistas.

El consejo de los expertos siempre es importante: esta empresa ignoró por completo los consejos u opiniones de gente que de verdad sabía de cuestiones médicas. Si estas personas opinaban desde su conocimiento, se les expulsaba o se le acosaba por dejar ver esas deficiencias. 

Muchos de los inversores accedieron a dar el dinero en un voto de confianza, sin medir las consecuencias ni analizar bien las propuestas que se les daba; simplemente vieron una oportunidad de negocio que, en apariencia, era muy redituable, pero no verificaron que todo fuera funcional.

¿Conocías el caso? ¿Qué otras lecciones nos deja la historia de Theranos? Me gustaría conocer tu opinión, así que te leo en los comentarios. ¡Hasta el siguiente post!

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