Los chistes o comentarios ingeniosos entre el jefe y los empleados pueden disminuir la tensión o incluso hacer más llevadera la jornada diaria. El humor también puede ayudar a fomentar el espíritu de equipo y a mejorar el rendimiento. Sin embargo, los jefes deben elegir el momento adecuado para compartir una frase o respuesta graciosa, porque pueden correr el riesgo de obtener el efecto contrario.
Las bromas y el buen humor como aliciente
Las bromas espontáneas y las risas contagiosas son realmente benéficas para el desempeño de todos, incluso hay datos que avalan que, cuando hay buen humor en la oficina, los equipos son 30 por ciento más productivos y se genera mayor retención de talento.
Los líderes con sentido del humor generan confianza con sus colaboradores, pero también se recomienda que, para evitar malos entendidos, este tipo de comportamiento aparezca cuando el equipo ya lleve algún tiempo trabajando en conjunto o que las relaciones estén bien construidas.
Aunque el humor es un ingrediente que puede mejorar el ambiente, los jefes deben usarlo en momentos clave, con bromas ligeras que no involucren a ninguno de los elementos del equipo, ya que podría generar alguna tensión. Por ello incluso puede perder autoridad, pero sobre todo la confianza de sus subordinados.
Cuando las bromas se convierten en micromachismos
Hacer bromas es realmente un arte, ya que hay que saber elegir las palabras y el momento adecuado, sin usar como objetivo a alguien, como sucede con los micromachismos, estas frases o acciones que minimizan a las mujeres o las hace blanco del “chiste”.
Este tipo de frases parecen graciosas, pero no debemos festejarlas, porque fomentamos la falta de respeto. Frases como “lo que te hace falta es un novio”, “deja te explico cómo se hace”, “sonríe, que estás muy seria”, que seguramente has escuchado con frecuencia, son la muestra de esta agresión velada contra las mujeres.
Ante estas frases se recomienda no reírse y, de manera muy educada, expresar que el comentario está fuera de lugar para que la persona que le dijo corrija su conducta. Si consideras que el ambiente es álgido, lo mejor es acercarte al jefe y, a solas, hacerle ver que su chiste se malinterpreta y se siente más como una agresión machista que como una broma.
¿Hay que festejarle siempre los chistes al jefe?
Con el afán de quedar bien o incluso por cierto temor de sufrir repercusiones posteriores en la carga de trabajo, muchas personas responden a los malos chistes del jefe. Lo ideal en estos casos es no seguir la corriente, sobre todo cuando la broma tiene tintes agresivos o denigrantes.
Si el sentido del humor del jefe genera incomodidad entre los empleados, lo mejor es llevar a cabo algunas de estas acciones:
Fijar límites
Dejar claro al jefe que no hay la confianza suficiente para tener una relación tan familiar para hacer chistes o bromas.
Acércate a recursos humanos
Puedes recibir asesoría del departamento de recursos humanos, ya que ellos pueden darte consejos más específicos o interceder para mejorar la comunicación y así las relaciones entre jefe y empleado no se vean empañadas por una mala broma.
La idea es mejorar la comunicación y hacerle ver a los superiores que, si bien el humor puede ser un factor que aligere el ambiente, es importante no hacer chistes ofensivos o burlones.
Lleva un registro
Puedes hacer un registro de las frases o acciones que parecen graciosas, pero que en realidad son hasta ofensivas. Este registro te servirá para que lo compartas con tu jefe o con recursos humanos.
¿Hasta qué punto consideras que es bueno festejar los chistes del jefe? ¿Qué podemos hacer ante una acción que parece graciosa, pero resulta ofensiva? Me gustaría conocer tus consejos, así que te leo en los comentarios ¡Hasta el siguiente post!




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